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viernes, octubre 01, 2010
Israel.
La muerte. La famosa puta muerte, que de puta tiene muy poco. Es sólo que en algún lugar se siente rico pronunciar: "muerte puta," e imaginar cómo pronunciaba eso Girondo.
Sigue rondando. Sigue sorprendiendo.
Se llevó a Israel.
Me quedo con su beso en mi cuello y con mucho aprendizaje en mi aparato hablatorio. Con su ayuda invaluable para mi tesis y con varias noches de mucho baile.
Y como siempre pasa, creo, vamos encontrando que palabras que hemos oído y pronunciado en otras ocasiones, hoy se adaptan perfectamente al momento.
Hoy, Israel, me dan ganas de recordarte tus propias palabras. Lo que tú ya sabes y que seguro habrás hecho muy bien:
“Entrego el peso de mi cuerpo al piso, para permitir que mi huella se alargue, se ensanche y se profundice, como si el piso fuera de barro... muy suave...”
Acá está tu huella, queridísimo Israel; repartida en muchas personas que subimos al escenario constantemente (Ups, en el mejor de los casos (y aquí, tú te ríes y me dices perra.)).
A ti, que tanto hablabas de procesos naturales... carajo, puta muerte.
Cuando vi tu caja, con tu cuerpo adentro, no pude decirte mucho. Te dije hola. Te dije, ¡qué pedo, cabrón! y seguramente no lo hice con voz profunda. Tu disculparás, pero estaba llorando.
Hasta siempre, ¡papaciiito!!
miércoles, junio 10, 2009
Pobrecita eternidad.*
Hoy hay que escribir.
No hay qué escribir, pero hay que escribir.
Porque hoy lloro como nunca he llorado. No en cantidad; ya he llorado mucho más; ya he llorado insuperablemente mucho.
Pero hoy mi llanto es nuevo.
Antes lloraba de desesperación. Antes pensaba qué hacer mientras lloraba. Hoy no. Hoy lloro con la nauseabunda sensación de resignación.
Hoy lloro y no pienso qué debo hacer, porque no puedo hacer nada.
Decido someterme a la circunstancia. Acepto la muerte presente y futura.
Acepto ver lo infinito como si fuera finito. Pobrecita eternidad.
"¿Y si la historia se detiene aquí y se nos quedan estos besos no besados y los archivos desordenados?
¿Y si la historia se detiene aquí y no podemos resolver nuestro misterio?
¿Si no te veo ni un poquito más?"
lunes, marzo 03, 2008
Ex – común – ión.
Comunión.- del Latín, communio, compartir en común.
He intentado millones de cosas y aún no puedo inhalar.
Tengo la fantasía encubierta de que estaré bien el día que él esté mal. Debería tenerme sin cuidado, pero los trastornos mentales no tienen método lógico ni deber ser, y menos para quien con ellos se quema.
Así que hoy estoy dispuesta, por enésima vez, a empezar a intentar echarlo. Pretendo iniciar una cruzada de liberación. Expulsarlo, auque sea en la forma, con la esperanza de que algún día sea de fondo. No es justo estar atrapada en un eterno esfuerzo por guardarle un lugar a quien no lo quiere.
Así que hoy, lunes 3 de marzo, empieza el proceso formal de excomunión para Malcolm Méndez. Hoy hago mi esfuerzo, en palabras tecleadas, más grande de todo este MALDITO tiempo.
Pero no puedo aventurarme a la ligera. Antes revisemos mi fragmento favorito del acta de excomunión de Miguel Hidalgo y veamos si nos sirve:
"Sea condenado en dondequiera que esté. En la casa o en el campo, en el camino o en las veredas, en los bosques o en el agua, y aún en la iglesia. Que sea maldito en la vida o en la muerte, en el comer o en el beber; en el ayuno o en la sed, en el dormir, en la vigilia o andando, estando de pie o sentado; estando acostado o andando; mingiendo o cantando y en toda sangría. Que sea maldito en su pelo, que sea maldito en su cerebro, que sea maldito en la corona de su cerebro y en sus sienes; en su frente y en sus oídos, en sus cejas y en sus mejillas, en sus quijadas y en sus narices, en sus dientes anteriores y en sus molares, en sus labios y en su garganta, en sus hombros y en sus muñecas, en sus brazos, en sus manos y en sus dedos.
Que sea condenado en su pecho, en su corazón, y en todas las vísceras de su cuerpo. Que sea condenado en sus venas, en sus músculos, en sus caderas, en sus piernas, pies y uñas de los pies. Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de su cuerpo. Que desde la parte superior de su cabeza hasta la planta de sus pies, no haya nada bueno en él."
Aquí llega el guerrero de las palabras mágicas. Girondo, una vez más, a mostrarme un cabo de la vida:
Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas. Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato. Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un madero. Que cuando quieras decir: "Mi amor", digas: "Pescado frito"; que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas. Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa. Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni por un solo instante, de lamerle la cerradura.
Ah, mucho mejor.
Y de esta manera queda formalmente iniciado el proceso de excomunión de mi vida para Malcolm Méndez. Malcolm Iván Méndez Sánchez, mi más grande amor y mi más profundo dolor.



